Una joven está decorando el árbol navideño. Imagen que ilustra el tema Historia de un reencuentro en Navidad

Historia de un reencuentro en Navidad

Te saludamos de una manera muy cordial y, a la vez, te traemos esta tierna historia que lleva impregnada en sus letras el espíritu navideño, la «Historia de un reencuentro en Navidad».

Acompaña a Amanda en su sorpresivo reencuentro y sé partícipe de su sincera conversación con el Sr. Tadeo.

Historia de un reencuentro en Navidad

En medio del parque, se escuchaban las voces envalentonadas de tres muchachos que dirigiéndose a una muchacha, le decían: Bueno pues, si no te gusta la Navidad para que vas a ir a la chocolatada de la escuela. Tu hermano si es bacán. Él que vaya, pero tú quédate en tu casa nomás.

La muchacha miraba con resentimiento a aquellos muchachos, mientras estos le hablaban; sin embargo, no dijo nada. Suspiró, ajustó su mochila a su espalda, y siguió su recorrido. A medida que se alejaba, se iban disipando las risas burlonas de aquellos muchachos, que quizás solo eran 1 año mayor que ella.

Al salir del parque, cruzó la pista para ir a la casa de sus abuelos. En eso, la interceptó el Sr. Tadeo, un anciano bonachón muy conocido en el barrio. Todas las tardes, el Sr. Tadeo pasaba con su triciclo reciclador por esa misma calle, tan igual como ese día.

Hola Amanda, ¿Cómo estás pequeña?; preguntó el Sr. Tadeo.

La muchacha lo miró y únicamente alzó los hombros.

El Sr. Tadeo, por su experiencia de ser abuelo, intuyó que algo no estaba bien. Por eso, con mucho tino decidió insistir. Entonces dijo: ¡Ah!, entiendo; pero si quieres que juguemos a las charadas me tendrás que explicar.

Amanda lo miró, movió la cabeza y una tímida sonrisa quiso asomarse por sus labios, pero fue contenida rápidamente.

Ante eso, el anciano se quedó pensativo; luego dijo: Hoy he reciclado muchas cosas curiosas. Voy a hacer llamativos adornos para centros de mesa con todo aquel material. Mmm, tendré que afinar varios detalles, ya que quiero llevarlos el día de la chocolatada para obsequiar uno a cada familia, espero me alcancen… Jejeje. Amanda, ¿Te gustaría ayudarme a envolverlos cómo regalos?

La muchacha vio con resentimiento al Sr. Tadeo y de inmediato gritó a todo pulmón: ¡No me gusta la Navidad!

No obstante, el anciano lejos de molestarse por la reacción de Amanda, dijo: Bueno, a mí no me gusta la acelga, pero no siento la necesidad de gritarlo a los cuatro vientos.

Al escuchar al anciano, Amanda se quedó confundida y sin palabras. Claramente, la niña no se esperaba esa respuesta; pues ella estaba preparada para seguir liberando su enojo.

El silencio se apoderó del momento, hasta que el Sr. Tadeo dijo: Creo que una cosa, no tiene que ver con la otra. Si no te agrada la Navidad, bueno, tendrás tus motivos y yo los respeto. Dicho esto, en verdad me vendría muy bien una ayuda. ¿Qué dices? Yo traería los adornos a la casa de tu abuelita y allí los…

La muchacha corrió hacia el anciano y lo abrazó con fuerza. Luego, le dijo: Gracias Sr. Tadeo, usted es la única persona que no se burla ni me ofende cuando digo que no me gusta la Navidad. ¡Gracias!, ¡Sí, le voy a ayudar! Ya más tranquila, Amanda continuó hablando: Sabe Sr. Tadeo, hasta hace dos años yo vivía las fiestas navideñas, pero el año pasado cuando mi perrito Dodi se perdió unas horas antes de la Navidad y nadie me ayudó a buscarlo, decidí darle la espalda a todas esas celebraciones.

El Sr. Tadeo tocó el hombro de la muchacha y dijo: Hace un instante me agradeciste por no juzgarte; ahora te invito a que apliques aquello a ti misma y a cómo interpretas lo que vives. Los accidentes ocurren, y las personas… bueno, son como son. Desapego, aceptación, adaptación y avance. Esas cuatro cosas deseo para ti.

Amanda miró al anciano, y dijo: Espero que Dodi haya sido encontrado por personas gentiles, que le estén brindando un hogar. Es cierto, culpé a la Navidad por lo que ocurrió, pues sentía que debía existir un culpable; pero la verdad es que me equivoqué, y en el fondo, lo sabía. Gracias por escucharme, Sr. Tadeo. Usted es una persona a todo dar. Yo estaré encantada de ayudarle.

¡Oh!, pequeña, no hay nada que agradecer, dijo de inmediato el Sr. Tadeo; y después de aplaudir una vez, continuó: Bien, entonces no se diga más. Mañana por la tarde dejaré la primera tanda de adornos con tu abuelita. Ahora me voy volando jejeje, porque tengo una mascotita. Unos amigos que se fueron de viaje me lo regalaron tres meses atrás. Le puse de nombre Tucán ya que tiene un hocico grande. No se me da muy bien eso de poner nombres. Pero, yo feliz de tenerlo.

Amanda, asombrada, preguntó: ¿Tiene una mancha negra en el pecho, de la forma de un triángulo?

Así es, pequeña; dijo el Sr. Tadeo. Tras un instante, exclamó: ¡No me digas que Tucán es tu Dodi! Rápidamente el anciano, sacó su celular y le mostró a Amanda el selfie que se había sacado con el animalito.

La muchacha dejó caer lágrimas de alegría y mirando al Sr. Tadeo asintió con la cabeza, luego expresó: Gracias por cuidar de Dodi.

El anciano sonriendo de manera cálida, dijo: El diálogo rompe barreras y crea escenarios bellos e inimaginables. Gracias por permitirme dialogar contigo pequeña Amanda. Mañana traeré a Dodi para que pase Navidad con su verdadera familia.

Amanda agradeció de corazón y dijo con voz franca: ¡Qué viva la Navidad!

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Desde Viesantore te deseamos:

¡Una Feliz Navidad así como un venturoso Año 2022!

Buen vivir es vivir saludable
Muchas gracias,


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